Septuagesimoprimera sesión

 

La sesión empieza cuando acaban de entrar al rope trick. Boram canaliza y quedan prácticamente nuevos. Entonces el kraken se coloca frente a la ventana del rope trick, de donde sale la cuerda, y destaza lentamente al dragón. Cuando éste pierde la vida, el paladín siente que se corta casi por completo su conexión con Kabúm.

Después el kraken abraza la cuerda y permanece. Descansan y se preparan. Sthlyfaugh recibe sending de Miribi y jura. Cando salen, el amo los toma suavemente y el viaje continúa. Como siempre, los deja inconscientes y despiertan en su jaula.

La comunicación mediante sending resulta deficiente, así que después de un par de días aparece un tritón en los sueños de Belarak y comunica el plan de escape con detalle. Como siempre, poco después de regresar habían jurado su siguiente misión, pero el juramento sólo se refiere a acontecimientos fuera de la jaula. Intentan entonces coordinarse para escapar con la mayor parte de su equipo, después de que el kraken se los entregue para que se preparen antes de partir.

Sin embargo, quieren recuperar la Piedra de la Paz Terrena, que le quitaran a Boróngoron, y ésa no se las ha dado nunca. Entonces Belarak se transforma en una culebra muy pequeña que pasa entre los barrotes. Sale y trata de escabullirse, pero es detectada por el guardia. Siendo los únicos prisioneros, y siendo el guardia un elemental, resultaba muy difícil lograrlo.

El elemental se lanza tras la serpiente, pero ésta logra regresar a su jaula y Sthlyfaugh la esconde. El guardia toca la alarma y llegan otros dos como él, además del kraken. Mientras tanto, el druida conjura cuatro culebras similares. El amo se enoja, pero al ver que son conjuraciones parece que no sospecha de ellos… casi, pues precautoriamente ordena al elemental que se coloque casi tocando la reja de su jaula.

Duermen, se preparan, reciben el sending de Miribi. Le dan luz verde y pide que se acomoden de cierta forma. Entonces llega, pero es atacado por el elemental. Aunque le logra dar un buen golpe, el adivino castea un teleport de un scroll y aparecen en el cuarto donde los recibiera por primera vez, junto a la puerta exterior de su recinto esférico. El cuarto está lleno de aire.

Respiran. Miribi se asustó, porque pensó que el kraken podía llegar. Los cuatro aventureros no pueden creer que finalmente estén libres, aunque atados por otro juramento… que, de hecho, el adivino saca a relucir después de un buen banquete de sushi y ensalada de algas. Pide que repitan el juramento que hicieran, aunque empezando a contar desde esa fecha (18 Viento). También pregunta cómo quieren que él jure y por quién.

El adivino los llevará primero a Mirabar, y después cumplirá dos de sus peticiones antes de comenzar el proceso para recuperar dicho sultanato. El grupo decide que lo más urgente es encontrar a un clérigo de Kabúm. Miribi informa que en el Plano de los Torneos hay muchos, así que ése es el primer destino. Después deben rescatar a Icanor antes de que le vaya a pasar algo. La última vez que fue monitoreado parecía estar bien aún.

El adivino explica la situación y su derecho a tomar la responsabilidad del sultanato: Mirabar se conformó como sultanato hace unos 7000 años, mediante la unión de dos grandes clanes. La legislación y las buenas costumbres estipulan que el sultán debe pertenecer siempre a uno de esos clanes, aún si fuese plebeyo y hubiera nobles del otro clan.

Sin embargo, dicho gran clan dominante (Bala-hur) había sido formado alrededor de cuatro milenios antes al unirse cuatro clanes menores, uno de ellos llamado Bala-hur. Si bien el jeque del nuevo Gran Clan Bala-hur fue elegido entre los integrantes del clan original de Bala-hur, y las leyes y costumbres mandan que el jeque debe proceder siempre que sea posible de los nobles de dicho clan original, al tratarse de un jeque y no de un sultán, si no hay nobles del clan Bala-hur original entonces el jeque debe ser elegido entre los nobles de otro de los clanes originales, antes que entre los plebeyos de dicho clan original.

Entonces, si bien Badur (el sultán actual) pertenece al clan original de Bala-hur y Miribi no, ambos pertenecen al Gran Clan Bala-hur. Por lo tanto, el jeque del Gran Clan Bala-hur debe ser Miribi y no Badur, pues Miribi es noble y Badur no. De hecho, Miribi es el único noble viviente de dicho gran clan. Como ser jeque de Bala-hur implica ser Sultán de Mirabar, él es el único y legítimo Sultán de Mirabar.

Por otra parte, simplemente ser el único noble del gran clan lo convierte también en el Sultán de Mirabar. Es decir, hay dos confusiones: una es que hay dos clanes Bala-hur, el original y el nuevo gran clan; otra es que se están aplicando las reglas de sucesión de un sultán a la sucesión de un jeque… No cabe duda de que está obsesionado hasta el extremo con el tema.

Se dirigen entonces a Mirabar, aunque antes de eso Belarak consigue una morena gigante como amiga y Alexandir se reencuentra con el Sr. Loro, ya metamorfoseado en pequeño dragón. Miribi les obsequia aletas y orejas para que todos tengan, y les recuerda que las aletas, si se secan, se echan a perder. De hecho, examinándolas con cuidado, notan que están hechas de un tejido muy fino de algas fibrosas.

Mirabar les pregunta que si están listos. Le dicen que sí y se retira. Después de cinco minutos regresa y abre la puerta al exterior. Pueden observar una estructura metálica grande, recubierta de algas y flores. Hay una entrada enorme custodiada por elementales. Notan que el agua cerca de la estructura es extremadamente clara, por lo que aumenta mucho su rango de visión.

Salen nadando, se aproxima un elemental, habla con Miribi y manda a otro más pequeño hacia adentro de la estructura. Poco después surge un escuadrón de tritones, que los escolta al interior. Tras pasar por varios pasillos y cuartos, con lo que logran dilucidar que la estructura metálica es una parte de un barco o submarino enorme, en ruinas, llegan a un salón con varias flores.

Se ven muchos tritones y algunos elementales. Empieza una música extraña pero hermosa, que no parece proceder de ningún instrumento conocido. Después de un tiempo, otros instrumentos más graves acompañan a los primeros. No se ve quién toca la música.

De repente, cesa la música y aparecen de la nada unos quince marids, la mayoría riendo. Muchos tienen unos caracoles enormes, y tres tocan con un arco un instrumento que parece caja torácica. Después les explican que, en efecto, el instrumento se llama tibulira y se necesita una caja torácica de tiburón gigante casi intacta para construirlo. Los genios están casi desnudos: sólo usan una especie de chal que cubre la región lumbar y se detiene con los antebrazos.

Miribi se postra ante uno de los presentes, que tiene un chal color esmeralda y estaba tocando tibulira. Luego se levanta, caminan uno hacia el otro y se abrazan, llamándose mutuamente “primo”. Después los presenta con él (que es el sultán) y con algunos otros. El grupo llama mucho la atención, y pronto es rodeado por algunos marids. Los tratan como si fueran niños jugando a los superhéroes y tomándoselo muy en serio. En particular, el paladín caído les da mucha ternura, así como el semielfo que toma postura de galán ante las gigantas de casi 5 m de altura.

Son presentados con tantos individuos, que sólo se distinguen entre sí por el género y el color del chal, que logran recordar poco. De cualquier manera, hay muchas cosas que hacer antes de poder concentrarse en Mirabar. Aún así, logran distinguir a cuatro a quienes no parece agradarles Mirbi: dos lo evitan directamente, aunque sin ser descorteses, y en los otros dos la reacción es más sutil.

Tiene lugar un banquete de sushi, algas y flores de varios tipos. Hay un tipo de flor que no es tóxica para los miembros del grupo y también les ofrecen. En casi todo momento hay algunos marids tocando música.

Después de un tiempo, hablan brevemente con el sultán y Belarak pregunta por Sekobito. El sultán se ríe y manda traer una cajita, de donde saca un cubito de hielo. Dice que el cubito puede congelar el agua circundante: murmura unas palabras y un poco de agua alrededor del cubo se congela. El sultán se ríe. Poco a poco el hielo se va deshaciendo hasta que queda nuevamente el cubo solamente. Le dice al druida que puede cambiárselo por algo bonito, como el ojo de kraken que tiene el Sultán de Karuten.

Aún necesitan reponerse de los 25 días de terrible prisión. Miribi, que los observa constantemente, recuerda al sultán que algunas criaturas necesitan dormir… Los conducen entonces a lo que parece haber sido una pequeña covacha del barco gigante. Miribi vierte un poco de un líquido rosado en el agua y la agita. Les dice que ahora esa agua puede respirarse, y recomienda dejar la puerta cerrada para que no se mezcle con el agua de afuera.

Parten poco después de despertar, pues Boram está en malas condiciones: no habla, mira fijamente al infinito, no parece importarle nada. Miribi explica que tardarán un par de días en llegar al portal que conduce al Plano de los Torneos, y que Karuten queda de camino, así que pueden pasar. Si la visita dura menos de 24 horas, no se retrasarán. También explica que él no quiere llegar hasta la corte, así que los dejará a unos 2 km de distancia.

Finalmente llegan. Se ponen sus aletas y sus orejas. Se abre la puerta y salen (¿Llevan el hipocampo que les quedaba? No recuerdo). Después de nadar un tiempo notan que el agua se aclara, como sucediera cerca de la corte de Mirabar, y vislumbran a lo lejos un edificio grande, de forma más o menos esférica pero cóncavo.

Fin de la sesión, en 22 Viento 13306.

3200 xp por cabeza (incluye bono por haber sobrevivido al “amo”)

 

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Lagartijas de luz (66-72)

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